volver a página principal
 


Conversando con José pulido

Harold Alvarado Tenorio

Esta entrevista fue concedida por Pulido en un restaurante italiano que pretende ser una extensa acuarela de Venecia, mientras una señora vestida de negro y pintada de rojo el pelo y el rostro, interpretaba extravagantes arias de Leoncavallo, Glinka y Pergolesí, y los mesoneros retiraban afanosos, los innumerables platos de delicias italianas reinventadas en el trópico y la mayoría de los comensales reventaban de White Label en el mediodía caraqueño que más parecía una tarde en el desierto de Gobi.
 
—Usted es un periodista citadino pero le encanta ser corresponsal de guerra…
 
—Soy lo que ahora se ha dado en llamar comunicador social y me especialicé en los asuntos culturales, pero he trabajado, por pura pasión, por un instintivo vital, en las áreas del deporte y la corresponsalía de guerra. El miedo que genera la violencia, y la violencia misma me atraen de una manera que no sé explicar. Así fui a parar con mis huesos a Nicaragua, un país fascinante como el mismo Irak o como Perú, donde me he desempeñado en ese oficio riesgoso y desafiante que es estar en medio del fuego de bandos enemigos que no reconocen en uno más que a un entrometido que quién sabe de qué parte terminará poniéndose, si es que se coloca de alguna parte, algún día. Son muy pocas las personas que lograrían entender hoy cómo uno se mete en esos conflictos y termina extrayendo de esas experiencias unas especies de sumos vitales para seguir viviendo en las guerras contemporáneas que son las cosmopolis capitalinas de la mayoría de los países.
 
—Entonces, ser corresponsal de guerra no parece menos riesgoso que ser reportero citadino.
 
—Y dice Usted, Alvarado, una verdad de a puño. Ser reportero es hoy como ser un venado en un campo minado de cazadores. Siempre existe el problema de tener que decir la verdad y el reportero tiene que sobrevivir, literalmente, sobrevivir, entre demasiadas contradicciones, entre ellas, la de no tener su propio medio de comunicación y tener que tratar de ser objetivo cuando la subjetividad es la moneda corriente de nuestro tiempo y tiene un poder tan grande como el Dios mismo. El corresponsal de guerra se enfrenta con situaciones que hacen cambiar radicalmente el comportamiento humano, pero que encierran grandes enseñanzas porque terminan por demostrarle a uno cuanto de inútil hipocresía crece y engorda entre los pliegues de esa ficticia paz del mundo, donde países y más países día a día se destrozan arruinando la vida de cientos de hombres por voluntad de los banqueros del mundo, los políticos, los mercaderes, los corruptos, los ideólogos.
Las guerras son crueles pero en muchas ocasiones dejan aflorar lo mejor y lo peor del ser humano, su capacidad de amar y su infinita maldad. El corresponsal de guerra es un ser atemorizado por la cercanía de la muerte que quiere vivir épicamente al borde de todas las cosas y que al final de cuentas termina como todos los hombres, solo…
Antes de las guerras recientes del Medio Oriente tuve oportunidad de asistir a varios de los Festivales Internacionales de Poesía que se hacían en Bagdad, Basora, Mosul , Babilonia y otras ciudades de Irak. Allí conocí a muchos de los grandes poetas del mundo árabe y esa ha sido una experiencia también inolvidable que me permitió saber en verdad de dónde venimos todos los poetas.
 
—Usted también es poeta y narrador.
 
—Sí. Mi primer libro fue de poemas. Lo publiqué cuando tenía veinticinco años, una edad en la que me creía poeta, además porque tenía un grupo de amigos, todos ellos poetas reconocidos hoy, que me incluían en sus recitales donde siempre era yo el más joven de todos. La poesía hay que escribirla con la tinta del tiempo interior, con una dedicación pertinaz que no permite el periodismo. Luego he publicado algunos otros libros como Paralelo lelo , donde reúno una especie de cartas a todas las cosas y gentes. Es un libro medio panfletario, pero allí estoy de cuerpo entero a como era en esa época. El título, algo insólito, se lo puse una tarde en que estaba dispuesto a que la gente me preguntara ¿por qué le puso ese nombre? Y así no tener que respuesta darle. Debí estar lelo para hacer esa rima con paralelo. Pelo blanco , que es mi primera novela, obtuvo una mención en el Premio de Novela Gloria Stolk. Allí cuento a mi manera la historia de la Colonia Tovar , una colonia de alemanes fundada en Venezuela alrededor de 1843. El título alude a un alemán albino que fue oficial del nazismo y vino a refugiarse en Venezuela al final de la guerra. Tiene muchas bases ciertas e históricas, pero también inventé muchas cosas alrededor de ese pobre nazi. Una mazurkita en la mayor es la historia de una nación que acoge el sandinismo para quitarse de encima una dictadura. Es la historia de la muerte de Sandino y un pretexto para escribir sobre lo que vi en Nicaragua . La novela obtuvo el segundo Premio del Concurso Planeta o el Otero Silva, como decimos por aquí. Esta segunda novela continuó, de alguna manera, mi obsesión por los pueblos y la violencia. En noviembre pasado terminé otra, que saldrá ahora en abril, y que he titulado Los mágicos . El asunto es la violencia y el amor, no como dos cosas separadas, sino juntas. Creo que es lo mejor que hasta ahora he escrito, aun cuando tengo la certeza también de que mañana diré lo contrario.
 
—¿Qué momento atraviesa la narrativa venezolana?
 
—La literatura en nuestro país se va a ver afectada por los últimos hechos que conocemos de una o de otra manera. En los últimos años los escritores y los artistas en general se fueron acostumbrando a tener en el Estado la fuente exclusiva de sus ingresos, ya fuera a través de la universidad, la televisión, el cine. Si hablamos en exclusivo de la narrativa hay que decir que es un pichón golpeando con sus alas las cáscaras del día. Quiere salir al exterior para probarse como lo hacían los caballeros que dejaban a sus hermosas y ardientes mujeres para ir a la búsqueda del Santo Grial – que dicho sea de paso apenas pudo encontrar Indiana Jones en una película de Spilberg- y cuyos verdaderos propósitos era irse de juerga y francachela. La gloria, mi querido Alvarado: queremos nuestra tajada de gloria. Pero en general se puede decir que escribimos sobre todos los temas habidos o sin haber, mucho tema urbano, mucho tema para complacer al lector, para producir placer. Ser escritor en Venezuela es un asunto que requiere de cierta entereza y valentía. Aquí jugar el papel de exquisito e intelectual es cosa seria. En Venezuela siempre hubo un grupo que decidió qué era bueno y qué malo en narrativa y eso ha generado una especie de complejo que impide a muchos escritores ser más auténticos. Lo positivo es que hay muchos intentando liberarse de las ataduras, que se están comprometiendo más y más consigo mismo y con su tiempo.
 
—¿Cómo ve el periodismo venezolano?
 
—Tiene valentía, honestidad, atraso, verdades a medias, clisés. Es un periodismo que necesita leer más, que tiene que romper con muchos de sus esquemas políticos y mentales y que comete muchas veces el pecadillo de refritar ideas, o artículos, o lo que sea, incluso asumiendo posturas e ideas que son de otros, o escribiendo a favor de la fuente de información sin prestar al lector ninguna consideración. En resumen: aquí no se está haciendo un esfuerzo que nos ayude a clarificar, por ejemplo, el momento que vivimos.
 
—¿Usted es un típico intelectual de Mayo de 1968?
 
—Me gusta decir que pertenezco a esa generación por todo lo que ese año ha significado. Ha sido como el yesquero que encendió en mí la llama de las utopías, y hoy sé que el ser humano siempre preferirá el pan de la palabra pan. No sabré quién estuvo equivocado pero siento cada día más que todo en esta vida es un juego de intereses, es un mar de ires y venires, flujos y reflujos de lo que importa y lo que no importa, lo que me produce dinero y lo que me lo quita. 1968 me sigue gustando porque le debemos muchas cosas que aún nos llegan de ese tiempo, como la amistad y el amor, como la tenue esperanza de que algún día habrá justicia y que otro día todos los hombres dejaremos de sufrir las afrentas del poder y recibiremos en cambio un premio por nuestra fraternidad y bondad.
Como hombre de 1968 me gusta todo: las mujeres, la comida árabe, la china, la de origen africano, el whisky de malta que haya llegado a sus hermosos 15 años, las carreras de caballos. He leído todo tipo de libros han caído en mis manos en estos últimos treinta años, pero poco recuerdo de ellos porque los olvido, porque soy un ser primitivo. Cuando siento terror por esos olvidos vuelvo a ellos pero de nuevo lo que conservo son algunos personajes, algún rasgo, una frase, una atmósfera, una sensación y la angustia de los autores, que imagino de la manera más cruel.


La Prensa - sábado 9 de abril de 1994. Bogotá , Colombia


Harold Alvarado Tenorio es Licenciado en Letras de la Universidad del Valle, doctor en Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid. Profesor Titular de la Cátedra de Literaturas de América Latina y Director del Departamento de Literatura de la Universidad de Colombia . Poeta, ensayista y periodista, entre sus libros figuran: Literaturas de América Latina, 1995; Ensayos, 1994; El ultraje de los años, 1993; Poemas chinos de amor, 1992; T.S. Eliot, 1998; Una generación desencantada, 1985; Kavafis, 1984 y La poesía española contemporánea, 1988.


subir     cerrar