José Pulido fabula para salvarse
Vivir es quedar en el hueso
El periodismo me ayudó a conocer a mucha gente y eso me sirvió para las novelas, dice el autor de
Vuelve al lugar que se te ha señalado
Rafael Arraíz Lucca
A José Pulido muy temprano la vida lo colocó en un dilema: ser obrero o ser escritor, esas eran las opciones en Villa de Cura. En el camino de satisfacer la segunda se hizo periodista y, en verdad, ha abordado la crónica, el reportaje o la entrevista como si estuviera lidiando con alguna de sus criaturas de fábula. Oír hablar a Pulido puede llegar a ser una experiencia vertiginosa: la frontera entre la fantasía y la realidad es tan borrosa que no importa dónde queda una y dónde queda la otra. Acaba de salir a la calle el primer libro de relatos de quien, hasta hoy, sólo había cultivado la novela y el poema.
—Por lo general los narradores se inician escribiendo relatos y luego llegan a la novela, a usted le gusta invertir los términos ¿no?
—Me inicié con dos poemarios, siendo un muchacho. Luego publiqué dos novelas, pero lo primero que escribí fueron cuentos. Escribir relatos me parece tan difícil que los escribo y los guardo y luego los reviso, hasta que llegué a tener un grupo listo y lo reuní en ese libro titulado
Vuelve al lugar que se te ha señalado .
—¿Cuál es la diferencia entre un relato y una novela?
—La diferencia es total. Una novela es un parto que te transforma la existencia porque te obliga a aprender cosas que no sabías del mundo, de la gente y de ti mismo. Una novela es un clon anímico del momento que uno vive. Un año escribiendo una novela es poco, el tiempo cambia mientras la escribes. Confieso que cuando la escribo doy vueltas, pero cuando atrapo el tema me entra un gran temor de que muera y no la termine. Es un temor terrible y delicioso. Cuando comienzo una novela se me olvida todo y siento que no puedo abandonarla, pero ella si me puede abandonar si me muero. Cuando termino una novela constato que no me morí. Es algo parecido a un domingo en que haces parrilla y te echas cuatro palos y le dices “mi hermano” a los amigos y luego viene el horror del lunes. Yo detesto el lunes, es como el día siguiente al que termino una novela.
—¿Le sobreviene una depresión?
—Algo parecido, vuelvo a ser el mismo tipo de siempre: mal hablado, bien leído, analfabeta, culto, marginal y cosmopolita, vuelvo a ser el tipo de barrio sin ninguna perspectiva, con ganas de irme para un río a beber cerveza.
—¿Está en trance novelístico en este momento?
—Sí, y parece que la voy a terminar y no me voy a morir. Estoy escribiendo la novela que yo quería escribir. El fondo es la historia de la esclavitud y la negritud, pero trabajada como un libro científico.
—¿Es una novela histórica?
—No. Me propongo enlazar el tema con mi infancia, que transcurría con muchos negros, en mi familia el negro predomina, yo soy como un sueco en mi familia. Se me revelaron unos personajes en la medida en que revisé la historia de la esclavitud, otros los inventé. La novela comienza en África, luego pasa a Cuba, Santo Domingo y termina en Venezuela. Mientras escribo no estoy perdido, cuando no escribo me pierdo espiritualmente. Un día amanezco nazi, otro poeta, otro religioso, otro día amanezco que no creo en nada. yo quiero mucho a mi mujer porque ella me sienta, como el domador que le da un latigazo al león amaestrado, y me recuerda quién soy.
—¿El periodismo ha sido para usted una pasión subalterna?
—No, el periodismo ha sido para mí una gran escuela. El periodismo me puso en contacto con todos los sectores de la sociedad. Me ayudó a conocer a la gente; yo conozco mucha gente. Eso me ayudó para mis novelas.
—¿Entre Humboldt y Bompland por quién opta usted?
—Prefiero a Bompland.
—¿Por qué?
—Porque andaba pasándole la lengua a todos los sabores de la vida. Aunque creo que Humboldt fue más útil a la humanidad. Entre los personajes históricos yo admiro muchísimo a Bolívar y a Cristo, todos ellos sabían que vivir es quedar en el hueso.
No había duda: la conversación habría sido plena si tuviésemos un río por delante, pero la ciudad emula el viejo principio de Heráclito. Pulido lo sabe, por eso habla como luchando porque las palabras se acoplen al paso veloz de su imaginación. La fabulación de este narrador es más que un recurso, es una forma de estar en el mundo y salvarse.
Pulido, en el lugar señalado
José Pulido (Villa de Cura, 1945) acaba de publicar este libro de relatos con el apoyo del Fondo Editorial 60 años de la Contraloría General de la República. Una docena de breves historias en las cuales Pulido prolonga sus tertulias diarias, tan parecidas a estos relatos sorprendentes e inesperados. Por esos textos —de lectura rápida y sin complicaciones— desfila el hombre de la calle, el anónimo que cumple su jornada de trabajo puntualmente, vive en un edificio viejo y maloliente y que está deseando toparse con la vecina abandonada y buenamoza.
“No te vayas —susurra. Él piensa en la ley, en varios artículos y reglamentos. A continuación le pasa la lengua por un muslo.
Mañana tendrá que ingeniárselas para limpiar el bajante de la basura. El hedor es tan atroz que una nube de moscas se ha regado por todas partes y una de ellas se ha colado hasta la habitación”.
O aquel otro que maneja un autobús de pasajeros mientras en su mente late una y otra vez una sola palabra: kipsigi.
“¿Cómo era un kipsigi?, el abuelo le ha dicho que era un negro, como él. `Somos kipsigis. De ahí venimos´. Eso lo ha puesto nervioso”. Pulido viaja así, sin llegar al fin ni señalar el retorno, al tema de la negritud que promete en una próxima novela, una más, la tercera. Porque Pulido que ha caminado, mientras escribe, por las redacciones de los diarios de la capital, es un autor prolífico: en lo que publica y en lo que brota de él en cada encuentro por esas caminatas redaccionales.
A diferencia de Macaria Zulema, “que se ha quedado atrapada en un lugar que separa al sueño de la vida propiamente dicha”, Pulido es un atrapado con salida y para muestra aquí estos 12 relatos, en el lugar señalado.
Rafael Arráiz Lucca: (Caracas, 1959) Escritor. Profesor Titular de la Universidad Metropolitana. Abogado (Ucab, 1983), Especialista en Gerencia de Comunicaciones Integradas (Unimet, 2002). Inició sus tareas con la palabra en el Taller Calicanto y en el grupo Guaire , desde entonces ha sido integrante o guía de diversos talleres literarios. Entre sus poemarios se cuentan: Balizaje (1983), Terrenos (1985), Almacén (1988), Litoral (1991), Pesadumbre en Bridgetown (1992), Batallas (1995), Poemas ingleses (1997), Reverón, 25 poemas (1997) y Plexo solar (2002). Entre sus libros de ensayos se cuentan: El avión y la nube (1991), Venezuela en cuatro asaltos ( 1993), Trece lecturas venezolanas (1997), Vuelta(s) a la patria (1997), Los oficios de la luz (1998), El recuerdo de Venecia y otros ensayos
Revista Primicia - 08 de septiembre de 1998