Un diálogo con los espejos en el que la cotidianidad, el afán de soledad que los personajes citadinos buscan sus propias palabras, en esa como semblanza de la muerte, lenta, acicateada por distintos modelos de discursos donde cada voz interpreta su propia metamorfosis, pareciera ser la constante de José Pulido en
Vuelve al lugar que se te ha señalado , libro que publicara el fondo Editorial de la Contraloría General de la República en 1998.
Doce relatos conforman este libro del autor nacido en Villa de Cura, quien se ha destacado como uno de los narradores más prolíficos de estos últimos años.
En
Vuelve al lugar... , José Pulido, de la manera más desenfadada, penetra en la intimidad de unos personajes dislocados, peregrinos en una ciudad que los señala como límites de sus propias decadencias.
El discurso narrativo de Pulido no hinca el rebuscamiento. El lector se convierte en una propiedad del texto, porque éste dimana la atracción de quien en la lectura ya es parte de los asuntos de los personajes.
II
La narrativa venezolana de las últimas décadas ha sido calificada como la oveja negra de nuestras letras, no obstante nos encontramos con asombros, túneles por donde entramos y nos reconciliamos con el insomnio de muchos buscadores, entre quienes destaca José Pulido.
José reitera en su arte combinatoria: la literatura y el periodismo. En este trabajo nos muestra las llagas interiores de esos pequeños seres -como escribiera Salvador Garmendia- apegados a sus cosas, a los acontecimientos más insignificantes que este fabulador convierte en materia cierta.
Asunto de sombras con voces destinadas a un lugar multiplicado: la calle, el perfil del cerro, una peluquería, un taxi lleno de pensamientos, los sudores de los amantes separados, el eco rozante del pasado, la memoria como sitio predestinado, monólogos cubiertos de arena en un callejón repleto de chillidos, los edificios que casi hablan desde la mudez de sus habitantes, el sueño, estación de un insomnio donde Dios consuela la muerte.
El lugar es el mismo en todas las miradas porque los personajes se tejen para crear una sola voz.
III
Las historias de José Pulido nos confiesan en esta obra que continúan la tradición conferida por la escisión anímica geográfica de nuestros autores. Pulido toca los límites de su imaginario, lo abandona, entra en la empresa urbana de hurgar vicios, sombras y penumbras donde fantasmas solitarios y rupturas hacen de Vuelve al lugar... un compendio de espejismos. La ciudad es una ilusión, un lugar señalado para perderlo, para frecuentarlo en medio de voces develadas por los rostros que una cámara oculta enseña a un único testigo.
¿Dónde queda el lugar señalado? ¿Qué misterio tiene en los ojos Macaria Zulema quien busca en las palabras del sacerdote el consuelo que la lleve a ese lugar? El exorcismo verbal del autor, la voz de un espacio jamás revelado.
La trama desteje la mirada de quien ve el misterio de este último relato, el que le da nombre al volumen. Ritualidad que señala la frontera entre el imaginario rural y el golpe urbano: el país de este libro forma parte de la tradición literaria de este siglo que aún no halla el personaje que lo interprete. Quizás en estas hojas comencemos a mirarnos en uno de ellos: la línea divisoria entre el sueño y la realidad, entre aquel paisaje dejado atrás y los edificios que contienen a esos seres anónimos que acosan la imaginación de José Pulido.