Una revolución de novela, por Luis Barrera Linares
Con un diestro manejo del lenguaje coloquial, la ironía y el humor, el escritor teje una historia en torno a tres hermanos que viven diferentes aventuras sobre el filo del asesinato de Augusto César Sandino. Una investigación policial, la agitada vida sexual de ciertos protagonistas y los movimientos de la guerrilla —que desembocan más tarde en la caída del dictador—, conforman la madera narrativa de la segunda novela de José Pulido
Con la distancia que pueden imponer dos factores culturalmente determinantes, como lo son la lengua y el espacio geográfico, y por razones emanadas de la simple lectura, encontramos cierta similitud, un acercamiento, entre algunos textos de Rubén Fonseca (Brasil), 1925 y las dos novelas publicadas hasta ahora por José Pulido (Villa de Cura, 1945). En el caso particular de Fonseca, remitimos a los diversos recursos narrativos presentes en obras como El caso Morel (novela traducida al castellano en 1978) y El cobrador (cuentos, traducción española de 1978). La relación puede venir dada, por ejemplo, en función de ciertas técnicas para manejar recursos lingüísticos apegados a la oralidad, y matizados por giros muy específicos referidos al humor y a la ironía. El discurso narrativo se percibe a veces imbuído de registros lingüísticos muy cercanos al habla cotidiana, sin que ello perjudique de ningún modo el desarrollo secuencial de la historia. En Pulido, el giro coloquial, la frase espontánea, el tono humorístico inesperado (y a veces hasta el chiste), se insertan como parte fundamental de la narración, llegando incluso a convertirse en centro de la misma.
De este mismo autor, conocíamos ya la novela Pelo blanco (Planeta 1987) y hay que decir que tanto en el manejo de situaciones como en la espontaneidad narrativa, Una mazurkita en la mayor supera notablemente a la primera. Una escritura muchísimo más cuidada, quizás menos tremendista, más reflexiva, se encuentra en esta segunda novela que mereciera el segundo lugar en la primera versión del Premio Planeta.
Con la virtud incuestionable de una historia fluida desde el inicio hasta el final, el relato central elige como marco referencial histórico el asesinato de Augusto César Sandino en 1934 (capítulo 1), hasta llegar a conectarlo con una serie de acontecimientos relativos a la más reciente revolución ocurrida en Nicaragua. Tres hermanos —uno de ellos nacido un día antes del asesinato de Sandino— constituyen los personajes en torno a los cuales girará el desarrollo de una historia ubicada en plena guerra, y en lo que diversos tópicos como el amor y el sexo, la investigación policial, y los movimientos de la organización guerrillera, se van fundiendo hasta desencadenar en la caída del dictador. La novela revela con crudeza los diferentes aspectos relativos a los más variados métodos de tortura utilizados por la Guardia Nacional para combatir la subversión. A través de las actividades de una familia (Los Torrespino), ofrece también una semblanza de la posición vacilante de ciertas familias de la pequeña burguesía nicaragüense durante los últimos días de la dictadura somocista, aparte de reflejar la situación nebulosa de los distintos estratos de la diplomacia en tales situaciones.
Son muchísimos los personajes que aparecen en la novela como para pretender hablar aquí de cada conducta en particular. Bastaría con adelantar que de los tres hermanos, es el menor de ellos (Aarón Baldomero) el que mayor importancia reviste para el desarrollo de la trama novelesca, dada su condición de mongólico, y en vista de que es enviado por su madre (Serminia) a la línea de fuego, con el objeto de que encuentre a los otros dos. Parece importante observar que si bien Pulido no es el tipo de narrador que caracterice a sus personajes a través de la indagatoria sicológica o la exploración intimista, sí logra hacerlo mediante la descripción de una serie de rasgos de conducta que finalizan dando cuenta de lo que cada uno significa para la historia de la novela. Es lo que León Sumerlián (1976) denomina "caracterización de tipos a través de la acción". Casos específicos de Sandoval (comandante guerrillero castrado por la Guardia Nacional), Alvis Canedo (Jefe de Seguridad de una embajada) y Ofelia (solterona, perteneciente a la pequeña burguesía nicaragüense).
Apartándose desprejuiciadamente del antecedente histórico que la motiva, es justo afirmar que en cuanto texto literario autónomo, la novela constituye una estructura en la que se logra implicar al lector a través de ciertas técnicas típicas de la literatura de suspenso, como son el caso de la misteriosa desaparición de cinco millones de dólares (pertenecientes a la revolución) y el asesinato del funcionario de una embajada (Badeschi), eventos que teniendo como marco el desarrollo de la guerra contra el dictador, van tejiendo los diversos vínculos de la historia central, hasta relacionarse con buena parte de los personajes de la novela (Rosa Paredes, Alvis Canedo, Ofelia, Palomares, Agustín Torrespino). Una historia individual que llama la atención es la de Sandoval: obrero, torturado por el régimen y convertido en comandante guerrillero de un batallón de "caza-perros". A partir del capítulo IV, su trayectoria se va a convertir en parte fundamental de la novela (junto con la de Aarón Baldomero), aunque hay que decir que una cierta manía del narrador por presentarlo casi como un obsesivo por el sexo, pudiera desvirtuar su valor como personaje determinante para la trama.
En cuanto a su valor comunicativo, la novela hace gala de eso que M. Halliday denomina la función "ideativa" del lenguaje. La misma se refiere a la utilización de mecanismos verbales para aludir a lo que la experiencia significa como recurso que ofrece al interlocutor (en este caso el lector) una visión particular sobre uno o varios hechos que han impactado la cognición del emisor (el escritor). Esto guarda vinculación con el hecho de que el escritor se haya desempeñado como corresponsal de guerra durante la revolución nicaragüense. De allí entonces se pudiera deducir una muy justificada parcialización para relatar ciertos hechos que, si bien no perjudican el desarrollo de la historia, sí pudieran convertirse en excusas necesarias que buscan despertar en el receptor un interés hacia cuestiones alejadas de la trama principal de la novela: un ejemplo, la historia de Rosa Paredes y la manera casi inesperada en que ella confiesa ser autora del asesinato de Badeschi. Se siente en tal caso que desciende el tono de la tensión narrativa apreciada en el resto de los capítulos. Igual pudiera ocurrir con la historia final del dinero encontrado por Caneso (escondido dentro de un Betamax). Al finalizar la lectura, surge la sensación de que ciertas historias no quedan totalmente concluidas, ni hay explicación posible para que así haya sido.
Publicado en el Papel literario del diario El Nacional, Caracas 27 de junio de 1989