Había una vez tres hermanos..., por Pablo Antillano
Una mazurkita en La Mayor, Finalista Premio Miguel Otero Silva de Novela 1989.
Esta novela de José Pulido, me hizo recordar los cuentos que mi abuela Consuelo contaba a sus nietos en la casita de San Agustín. En casi todos había tres hermanos o tres hermanas que salían en busca de una pócima o de un legendario tesoro. Cada hermano tenía una aventura distinta que iba desde el enfrentamiento con personajes fantásticos y muchas veces maléficos hasta la participación en viajes o batallas en lejanos parajes. En el cumplimiento de su misión, algunos de los hermanos eran devorados o perecían tras crueles castigos, mientras otros terminaban su aventura con un regreso al hogar que a los niietos no nos dejaba felices del todo, sino apenas medianamente aliviados.
No en balde los formalistas rusos y los sabios de la lingüística dedicaron buena parte de su estudio a conocer el encantamiento que esta fórmula impregnaba a la mayoría de los cuentos maravillosos que lograron perdurar durante siglos en la fantasía de los pueblos más diversos.
Nuestro José Pulido nos ha hecho revivir la fórmula, y no sabemos si fue en forma deliberada o brotó espontáneamente de su instinto de narrador. Lo cierto es que las aventuras de los tres hermanos que protagonizan Una mazurkita en la mayor dotan a esta novela de un sentido de movimiento hacia el desenlace del que es imposible desprenderse y de una poderosa energía proveniente de la idea de destino que transforma los gestos pequeños y ordinarios en torrentes de trascendencia.
Con un humor sarcástico, más bien cruel, al que comenzamos a acostumbrarnos en su narrativa, Pulido va constrastando la simpleza, la inevitable visión miope, e inmediata, de sus personajes con los movimientos invisibles, abrumadores, violentos y tormentosos, de la historia. El resultado es, por supuesto, catastrófico para estas almas sencillas e indefensas.
Sandino inyecta a la novela la magia de la leyenda, de lo inasible y trascendente, de lo romántico, del sacrificio y de la bandera. Sólo una suave balada revolucionaria puede atrapar en la voz de un hombre común tanta grandeza.
De la misma manera, pero ahora en nuestras propias narices, la actual guerra centroamericana que enfrenta grandes fuerzas de la historia, grandes potencias y choques de ideas, luce inatrapable en su sentido inmediato para el solitario combatiente que la protagoniza, para la madre desolada, para el hombre del común que la padece.
En situaciones extremas, el hombre es sometido a dilemas irresolubles que conviven simultáneamente: la novia y el crimen, el desayuno y la invasión, la traición y el beso, el sufrimiento y el reloj, el bosque y el bolígrafo. De este juego de encuentros entre lo que es individual, subjetivo, limitado o posible, y lo que es colectivo, objetivo, infinito e histórico se ha nutrido la sustancia del drama que regresa una y otra vez a la literatura para conmocionar al hombre y alabar su impotencia.
Hemos celebrado esta novela de José Pulido con un reconocimiento en el Premio Miguel Otero Silva de Novela 1989. Y es posible que lo estemos celebrando es la tallada percepción que este escritor tiene de sus semejantes y de sus historias, una visión que contribuye a comprender cuánta trascendencia, cuánta historia y grandeza puede haber en una cierta y desapercibida flaqueza.
Publicado en el suplemento Lectores, del Diario de Caracas, domingo 25 de junio de 1989